• Pansophia Project

Pasen, no teman al vértigo del futuro de la educación.

Actualizado: 23 nov 2021

Mariano Narodowski


Durante los últimos 5 años, los pansophianos nos atrevimos a proyectar el futuro de la educación, con y/o sin escuelas basados en los siguientes supuestos


1) La escuela es una tecnología entre otras de trasmisión de saberes. No fue la primera y de hecho su historia humana no tiene más de un par de siglos


2) La escuela surge en el siglo XVII como un instrumento para alcanzar la Pansophia: todo el saber humano es para todos los seres humanos


3) Durante su existencia, la tecnología escolar permitió que ingentes masas poblacionales se acerquen más al conocimiento, especialmente a la alfabetización y al cálculo aritmético básico. Sin embargo, hasta ahora y con una mirada global, los escolar no se ha mostrado como una herramienta pansophiana eficaz: son muchos sus déficits cualitativos y ni siquiera alcanzó una universalización cuantitativa


4) En los últimos 40 años, otras tecnologías basadas en redes computacionales y pantallas han desplazado a la tecnología escolar de su lugar de legitimidad monopólica


5) Los cambios violentos en la tecnología y la cultura tecnocapitalista cuestionan la centralidad adulta de la tecnología escolar en un escenario marcadamente posfigurativo en el la experiencia acumulada y las tradiciones se debaten entre la ineficacia, la obsolescencia y la intrascendencia


Si bien en ningún momento nos posicionamos como anti-escuela o pro-desescolarización (como la impotencia reflexiva de algunos destiló en algún comentario) no tenemos miedo a proyectar posibilidades diversas siempre y cuando tiendan al ideal pansóphico: la Pansophia no se negocia y la tecnología escolar no debe secuestrarla


La pandemia y el cierre forzado de escuelas en todo el mundo en 2020-21 aceleró todos los escenarios futuros disponibles a partir de un hecho único en la historia: ya no se precisa un territorio cerrado y exclusivo de aprendizaje y la enseñanza también puede ser digitalizada y a menudo automatizada.


Si la pandemia del COVID 19 hubiera ocurrido en 1995 –apenas 25 años antes- la respuesta limitada y pobre del sistema escolar hubiera sido la misma que con la de la gripe española, la fiebre amarilla o la de la polio. Los celulares de tapita de entonces o el fax, mucho no hubieran aportado.


La aceleración tecnológica permite abrir nuevas posibilidades no ya como herramienta didáctica de mejora de lo viejo (lo que no está mal, por cierto, aunque haya evidencia de sus limitaciones en términos pansophianos)) sino como vector disruptivo de una retroalimentación positiva que no se detiene jamás


Todavía falta mucho para que esta disrupción opere en todos los niveles. Primero porque la tecnología digital aplicada a la educación sigue siendo muy primitiva, muy de inicios de siglo XXI en un mercado en el que los grandes jugadores no tienen incentivos para innovar, al menos por ahora. Segundo, porque los gobiernos siguen controlando monopólicamente la casi totalidad de los certificados educativos, en un modelo rígido, centralizado, jerárquico típico del siglo XIX: los gobiernos, al igual que las corporaciones tecnológicas, tampoco tienen incentivos al cambio disruptivo


Por ahora, porque estas barreras cibernegativas no tardarán mucho en colapsar y generar alternativas que superen la exclusión actual, en un proceso acelerado de desterritorialización de la enseñanza. Habrá que estar ahí para que nuestra hiperstición pansophiana resulte victoriosa